Enero 12 de 2005 EXPEDICIÓN A ISLA CLIPPERTON Fuente: Editorial Econotas
Tres compatriotas participarán en una expedición cofinanciada por la National Geografhic Society a las islas exteriores del Pacífico Mexicano, incluida la lejana Clipperton, atolón que hasta 1931 fue parte del territorio nacional.
Los ambientalistas Juan Kuan y Victor Busteros, así como la periodista Adela López, navegarán a bordo del barco francés de investigación oceanográfica ALBATRUS II, apoyando al equipo de expedicionarios que documentará el estado actual de seis islas mexicanas y una francesa.
Científicos, documentalistas y radio-aficionados; de Alemania, Argentina, España, Estados Unidos, Francia e Inglaterra, integrarán el resto de la tripulación.
La expedición partirá a finales del próximo mes de febrero, desde Panamá (1) rumbo al puerto mexicano de Salina Cruz (2), de donde se internará 1300 Km mar adentro hasta Isla Clipperton (3), posteriormente se dirigirá al Archipiélago de Revillagigedo, donde primero visitará Isla Clarión (4) y más tarde las islas Socorro y San Benedicto (5), luego ira al norte hasta Cabo San Lucas (6) y de ahí a Isla Guadalupe (7). Luego estará en el pequeño archipiélago de Coronado (8), para finalizar en el puerto de San Diego, California (9). Es probable que la expedición visite también las islas San Benito y Cedros, ambas ubicadas frente a la costa sur de Baja California.
Junio 5 de 2002 CLIPPERTON, ISLA DE LA PASIÓN Por: Víctor Busteros / Club de Buceo Poseidón
Remoto y olvidado territorio, alguna vez mexicano, en el que eventualmente ondea la bandera francesa. Así definen algunos geógrafos a Clipperton o Isla de la Pasión; atolón de origen volcánico-coralino que tiene una superficie de 7 kilómetros cuadrados y 11 kilómetros lineales de playa, resguardada por un arrecife de coral único en su tipo. La isla está deshabitada y se ubica en el Pacífico Nororiental, al sur de Cabo San Lucas y al oeste de Nicaragua.
Clipperton fue hasta enero de 1931 territorio insular mexicano, pero tras el fallo de un tribunal internacional con el parcial arbitraje de Vittorio Emanuele III, Rey de Italia, la isla pasó a la jurisdicción de la aún más lejana Polinesia Francesa.
Marinos españoles descubrieron el atolón en el siglo XVI y por su importancia en la ruta hacia las Filipinas, inmediatamente fue anexado a las posesiones de la Nueva España bajo el nombre de Medanos; sin embargo, su nombre actual se lo debe a John Clipperton, pirata inglés que operaba en las inmediaciones. Paradójicamente la ilícita actividad del bucanero y otros exploradores como Edward Belcher, contribuyeron a la correcta localización cartográfica de la isla, terminando con la confusión internacional del pretendido dualismo entre la isla real y una inexistente “Isla de la Pasión”, promovido por Francia desde el siglo XVIII.
Las cartas de independencia otorgadas a México, transmiten debidamente la propiedad legal del atolón, pero sin una posesión efectiva comprobada, en 1858 el capitán de un barco francés, en ruta a Hawai, levantó un acta de toma de posesión y posteriormente notificó la adquisición, iniciando así la controversia.
El gobierno de Porfirio Díaz intentó mantener presencia permanente en Clipperton; esfuerzo que dio origen a la legendaria tragedia del capitán Ramón Arnaud, quien con un pequeño grupo de soldados y sus respectivas familias, mantuvo patrióticamente la soberanía mexicana en el lejano territorio, todo ello a pesar de que permanecieron abandonados a causa de la Revolución.
Hoy en día Clipperton es una posesión francesa deshabitada, prácticamente abandonada, sólo visitada por expediciones de científicos, aventureros y desde luego por la Marina Francesa. Desgraciadamente pocos mexicanos conocen su historia y quienes han oído hablar de ella la consideran una pérdida más sin importancia. Sin embargo, la isla cuenta con casi medio millón de kilómetros cuadrados de zona marítima exclusiva.
Independientemente de los beneficios territoriales, si nuestro país recuperara a Clipperton, se ampliaría el recién creado Santuario Ballenero Mexicano, pasando de 3 a 3.5 millones de kilómetros cuadrados. Además recobraría el arrecife coralino más espectacular del Pacífico Nororiental y evitaría que las grandes potencias (Francia y EUA) pretendan utilizar el atolón como basurero nuclear o para realizar experimentos militares.
Si bien no existe forma de protestar el fallo de 1931, algunos especialistas en derecho internacional afirman que sí es posible buscar un nuevo juicio, aportando pruebas que avalen la propiedad histórica de México sobre la isla. Igualmente existe la posibilidad de llegar a un acuerdo diplomático, que le permita a México coadministrar con Francia el territorio insular y su zona económica exclusiva; opción que sería la más conveniente para ambas naciones, pues sumando esfuerzos resultaría más fácil mantener presencia permanente en el atolón.
Lamentablemente parece que ni Francia, ni México, están interesados en Clipperton, situación muy riesgosa porque Estados Unidos en reiteradas ocasiones ha mostrado un discreto interés por el atolón, en el que bien podría hacer valer su famosa Doctrina Monroe: "América para los americanos".
Con una superficie de 478 kilómetros cuadrados, la turística Cozumel, es la isla marina mexicana con mayor densidad de población y también la más representativa. No obstante, el país posee cientos de islas dispersas en el Mar Caribe, Golfo de México, Océano Pacífico y Mar de Cortés. Es precisamente en este último lugar donde se concentra la mayoría y ahí mismo, frente a la costa de Sonora, se encuentra Isla Tiburón, que con 1200 kilómetros cuadrados de extensión, es la más grande de México.
Quizá por su situación geográfica o por su escasa importancia económica, algunas islas mexicanas han permanecido olvidadas; ese descuido histórico ha motivado innumerables incidentes transgresores de la soberanía nacional. Al respecto cabe recordar que luego de perder la guerra contra Estados Unidos (1848), México tuvo que firmar los tristemente célebres Tratados de Guadalupe Hidalgo, documentos que lo obligaron a ceder más de la mitad de su territorio, incluidas varias islas frente al litoral de Texas. Poco después, nuestro siempre oportunista vecino se apropió ilegalmente del Archipiélago del Norte, ocho islas ubicadas frente a la Alta California que nunca se negociaron en el tratado antes mencionado. Más recientemente, tras un injusto y parcial arbitraje, Francia también se apoderó del único atolón mexicano en el Pacífico, y en la actualidad, un pequeño archipiélago, frente a las playas del municipio de Tijuana, está en riesgo de perderse.
El territorio insular del país representa una enorme zona marítima exclusiva, aproximadamente un millón de kilómetros cuadrados; es decir, una tercera parte del total nacional. Sin embargo, esos mares ricos en recursos naturales, han sido y siguen siendo depredados por extraños que furtivamente se aprovechan de una aún limitada vigilancia.
En el ámbito global y desde el punto de vista ecológico, las islas tienen gran importancia; basta mencionar que el 15 por ciento de las plantas y animales del mundo, son originarios de esas pequeñas porciones de tierra, que en conjunto sólo representan el 5 por ciento de la superficie del planeta. Por desgracia los ecosistemas isleños son muy delicados y vulnerables a la intromisión humana; de hecho, del total de extinciones registradas desde el siglo XVII, el 75 por ciento corresponde a especies insulares.
Este libro relata experiencias vividas por el autor durante expediciones científicas y de aventura, en especial una que recorrió el Pacífico Exterior Mexicano. A continuación narrará la historia de islas lejanas y describirá su destacada riqueza natural. Asimismo expondrá las amenazas que enfrentan y tratará de aportar ideas para conservarlas.
Otro de los objetivos de este trabajo es recordarle a los mexicanos que más allá del continente hay pequeños territorios rodeados de vastas extensiones oceánicas, que en conjunto son parte integral de la nación. Filones de Patria, donde héroes olvidados por la historia, brindaron su vida salvaguardando la soberanía nacional.
Así entonces, sean bienvenidos a bordo y disfruten esta expedición que redescubre el México de Ultramar.